Moda y Gentrificación: La Nueva Hegemonía Visual de los Barrios en Transformación

La gentrificación ha sido descrita por Sharon Zukin como un proceso donde el capital, las clases medias globales y las industrias culturales reconfiguran barrios históricamente populares, transformando no solo su economía sino también su identidad simbólica. En su análisis clásico, Zukin sostiene que la cultura, incluida la estética cotidiana funciona como un mecanismo de legitimación que vuelve deseables ciertos territorios para una nueva élite urbana, desplazando prácticas previas y reorganizando la vida social del barrio. Esta perspectiva permite comprender por qué la moda se convierte en un indicador privilegiado de los cambios que acompañan a la gentrificación contemporánea.

En la última década, la llegada masiva de nómadas digitales ha intensificado estas transformaciones. Un estudio sobre Delhi documenta cómo la presencia de trabajadores remotos internacionales altera el mercado de vivienda, incrementa los precios de alquiler y reconfigura el tejido comercial, generando tensiones entre residentes históricos y consumidores globales. Aunque el estudio no se centra en la moda, sí describe una transformación profunda en los hábitos de consumo y en la vida pública, lo cual sugiere que los códigos estéticos locales también se ven afectados. La literatura coincide en que, tras la pandemia, el número de personas que trabajan de forma remota y se desplazan entre ciudades ha crecido hasta alcanzar varios millones, impulsando la creación de visados especiales y nuevas infraestructuras urbanas orientadas a este segmento móvil.

Una revisión reciente sobre digital nomadism señala que este estilo de vida ha pasado de fenómeno marginal a movimiento global, impulsado por tecnologías digitales, plataformas de alojamiento y la expansión del trabajo remoto. Bozzi (2024) destaca que los nómadas digitales generan nuevas demandas urbanas: coworkings, colivings, cafés especializados, que pueden contribuir a procesos de gentrificación al elevar costos y reconfigurar la oferta comercial [3]. Estas transformaciones suelen venir acompañadas de incrementos de alquileres de dos dígitos en barrios donde se concentran turismo, movilidad internacional y alquileres de corta estancia, según diversos estudios urbanos contemporáneos.

En este contexto, la moda emerge como un lenguaje que traduce estas transformaciones territoriales. Los nuevos residentes suelen adoptar códigos de vestimenta asociados a clases medias globales: prendas funcionales, materiales técnicos, básicos de diseño, accesorios vinculados al trabajo remoto y al consumo cultural. Estos códigos no se imponen explícitamente, pero se vuelven dominantes en el paisaje urbano y actúan como marcadores de pertenencia en barrios donde la movilidad internacional y el capital simbólico se hacen visibles en la superficie del cuerpo. La moda, así, no solo refleja el cambio urbano: participa en la construcción de un imaginario que legitima ciertos estilos de vida sobre otros.

La pregunta clave es cómo reaccionan los residentes locales ante esta hegemonía estética. La literatura sobre movilidad global sugiere que los nómadas digitales introducen nuevos valores, hábitos y estéticas que pueden ser adoptados por los locales, especialmente por generaciones jóvenes que buscan integrarse en circuitos globales. En barrios gentrificados de Lisboa, Ciudad de México, Medellín, Bangkok o Barcelona se observa un patrón recurrente: jóvenes locales comienzan a adoptar códigos estéticos asociados a los recién llegados, no necesariamente por admiración, sino por aspiración, presión social o necesidad de no “parecer fuera de lugar” en espacios transformados. La moda se convierte así en una estrategia de movilidad simbólica: una forma de alinearse con un imaginario cosmopolita que promete oportunidades, visibilidad y estatus.

Sin embargo, esta adopción no es inocua. Cuando un barrio adopta una estética globalizada, las estéticas locales pueden perder visibilidad, prestigio o incluso legitimidad dentro del nuevo orden simbólico. El estudio sobre Delhi documenta la sustitución de comercios tradicionales por negocios orientados a consumidores globales, lo cual implica una estandarización estética del espacio que inevitablemente influye en cómo se visten y se representan quienes lo habitan. En Europa del Este, investigaciones sobre gentrificación muestran cómo la llegada de trabajadores móviles desplaza no solo a comunidades vulnerables como la población Roma en Cluj-Napoca, sino también sus prácticas culturales. La moda local, en este sentido, puede verse relegada a un segundo plano, convertida en vestigio o en mercancía decorativa para el consumo turístico.

A pesar de ello, la resistencia existe. En muchos barrios, colectivos locales responden reivindicando estéticas propias, recuperando artesanías o creando microescenas alternativas que desafían la homogeneización global. Sin embargo, estas resistencias suelen tener menos recursos y menos visibilidad que la estética dominante asociada a los nómadas digitales. La moda, entonces, ocupa un lugar ambivalente: es síntoma, archivo y, en ocasiones, resistencia. Puede homogeneizar paisajes urbanos al reproducir códigos globales, pero también puede documentar, preservar y reinterpretar estéticas locales amenazadas por la presión inmobiliaria.

La pregunta que queda abierta y que este artículo invita a considerar, es cómo narrar, vestir y habitar la ciudad sin contribuir al borrado de quienes la hicieron posible. En un mundo donde la movilidad, el consumo y la estética se entrelazan con tanta fuerza, la moda se convierte en un espejo incómodo: revela no solo quiénes somos, sino también quiénes dejamos atrás. La gentrificación no solo transforma el territorio; transforma los cuerpos que lo habitan, los gestos que lo recorren y las estéticas que lo narran. Y es precisamente en esa superficie; la piel, la ropa, la mirada, donde se juega una de las batallas simbólicas más silenciosas y decisivas de nuestro tiempo.

Bénieller Editorial

Bénieller Editorial

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *