
Los hongos: ciencia, materialidad y futuro sostenible
Los hongos han pasado de ser organismos discretos a convertirse en uno de los campos más prometedores para la innovación sostenible. Su capacidad para generar proteínas alternativas y biomateriales comparables al cuero ha captado la atención de la ciencia y de industrias como la alimentación y la moda. Sin embargo, este universo sigue siendo sorprendentemente desconocido para el público general, a pesar de la creciente evidencia científica que respalda su potencial.
En el ámbito alimentario, diversos estudios han demostrado que el micelio —la red filamentosa que constituye la mayor parte del organismo fúngico— puede cultivarse como una fuente proteica de alta calidad. Investigaciones publicadas en Journal of Agricultural and Food Chemistry demostraron que especies como Pleurotus djamor pueden crecer sobre residuos vegetales y producir una biomasa rica en proteínas, fibra y aminoácidos esenciales. Este tipo de proteína fúngica ha mostrado incluso una mayor aceptación sensorial que alternativas vegetales tradicionales, lo que sugiere un potencial significativo para la industria alimentaria. Además, hongos como shiitake, maitake y reishi han sido ampliamente estudiados por su contenido proteico y compuestos bioactivos, según investigaciones publicadas en Food Chemistry y International Journal of Medicinal Mushrooms, donde se documentan sus betaglucanos inmunomoduladores y antioxidantes.
La sostenibilidad del cultivo de hongos también está bien documentada. Organismos como la FAO han señalado que los hongos requieren poca agua y pueden cultivarse sobre residuos agrícolas, reduciendo significativamente la presión sobre los sistemas alimentarios. A esto se suman los análisis de la Ellen MacArthur Foundation, que destacan al micelio como un recurso alineado con los principios de la economía circular debido a su capacidad para transformar desechos orgánicos en biomasa útil.
En la industria de la moda, el micelio está protagonizando una revolución silenciosa. Un estudio publicado en Life evaluó cinco especies de hongos —incluyendo Cubamyces flavidus, Lentinus squarrosulus y Ganoderma gibbosum— y demostró que pueden producir láminas densas y flexibles con propiedades comparables a materiales utilizados en marroquinería. Aunque estos biomateriales presentan desafíos técnicos, como la contracción durante el secado, la investigación confirma su viabilidad como sustitutos del cuero animal y sintético. Este trabajo coincide con desarrollos industriales de empresas como MycoWorks y Bolt Threads, cuyos materiales Reishi™ y Mylo™ han sido documentados en literatura técnica y análisis de diseño publicados por Springer, donde se describe cómo el micelio puede cultivarse, prensarse y estabilizarse para generar superficies textiles aptas para moda y accesorios.


La investigación internacional también respalda este avance. Instituciones como Vrije Universiteit Brussel, University of Utrecht y Rensselaer Polytechnic Institute han demostrado que el micelio puede formar estructuras continuas que, tras tratamientos específicos, adquieren resistencia, flexibilidad y textura comparables al cuero. Estos hallazgos se alinean con estudios sobre biocomposites fúngicos publicados por Springer Nature, que destacan el papel del diseño y la biofabricación en la creación de materiales derivados de hongos para aplicaciones textiles, arquitectónicas y de producto.
Toda esta evidencia científica —que revela a los hongos como organismos capaces de transformar residuos en recursos, de generar proteínas y de convertirse en materiales con identidad propia— inspiró directamente los estampados de las referencias Happy Mushrooms y Life in Colors de Bénieller. Ambas propuestas reinterpretan visualmente este universo fúngico: no desde la literalidad, sino desde la energía vital, la diversidad cromática y la inteligencia biológica que subyace en el micelio. La ciencia se convierte así en narrativa visual, y el laboratorio en un territorio simbólico que alimenta la estética de la colección.


A pesar de estos avances, el uso de hongos en la moda sigue siendo un territorio emergente y poco conocido. La mayoría de consumidores —e incluso muchos profesionales del sector— desconocen qué especies se utilizan, cómo se cultivan estos biomateriales o qué impacto ambiental tienen. Esta brecha entre ciencia, industria y cultura material explica por qué el micelio, a pesar de su potencial, aún no ha alcanzado una adopción masiva.
La intersección entre alimentación y moda revela un patrón claro: los hongos son organismos extraordinariamente versátiles, capaces de transformar residuos en recursos y de generar materiales nutritivos o textiles con un impacto ambiental mínimo. Su alineación natural con los principios de la economía circular los posiciona como uno de los pilares más prometedores para un futuro sostenible. A medida que la ciencia avanza y las marcas adoptan biomateriales fúngicos, los hongos podrían convertirse en un recurso central para industrias que buscan reducir su dependencia de recursos no renovables.
